Septiembre de 2003. Sólo tengo 12 años, bueno tal vez 13, cuando descubrí la que para mí siempre será la mejor serie de todos los tiempos. Sí, no era ninguna obra maestra, ni la sombra de lo que cualquier crítico de cine o televisión puede considerar una 'obra maestra'. Pero era MI SERIE. Hecha a mi medida. Era One Tree Hill.
Consciente de que es una serie más para adolescentes (a mí me acompañó en mi adolescencia), hoy decidí escribir sobre ella. La razón es muy sencilla: One Tree Hill es inspiración, es vida, son éxitos y también fracasos, pero sobretodo son sueños.
